domingo, 18 de abril de 2010

NIÑOS: ¿PARA QUÉ SIRVE EL JUEGO?


A través del juego, los niños transforman los objetos, los hechos de la realidad y la fantasía.
El juego permite crecimiento físico, emocional, intelectual y social.
Y es, con frecuencia, placentero.
Permite descargar ansiedades y tensión, y reducir eventos atemorizantes o traumáticos, en los que pudo haber sentido inconscientemente en peligro de destrucción de su cuerpo o rotura de lazos importantes como proyección de sus propios sentimientos hostiles.
Capacita al niño para expresar sentimientos ocultos, generalmente hostiles, sin llevarlo al plano de la realidad, lo cual los tranquiliza.
A partir de la actividad de jugar, la persona puede ser creativa.
Instala la simbolización. Por ejemplo: ausencia-presencia; mío-tuyo; el adentro-el afuera. Esto lo prepara para la difícil tarea real de compartir sus deseos y resignarse a compartir los deseos de los demás, aprender a convivir con ellos, tratando de no dejarse invadir plenamente por los otros. He aquí la función social del juego.
Así, en sus juegos, los niños despliegan escenas en las que hay personajes “malos” con diferentes grados de poderes para “matar” o “atacar” a los “buenos”.
Escenas en que mueren los personajes y luego resucitan, por algún poder oculto en función de reparar un vínculo entre “buenos y malos”
La función más importante del juego es la de poder elaborar los eventos traumáticos que impactan al aparato psíquico, sentidos por el niño en forma excesiva.