domingo, 25 de abril de 2010

EL ADOLESCENTE Y SU VOCACIÓN


La elección de la vocación en el adolescente es producto de un proceso que culmina con el encuentro de su camino personal y su lugar creativo en la sociedad.
El recorrido hacia una autonomía responsable no es fácil. Si bien la palabra “vocación” procede “vocar” (llamado divino para cumplir una misión), la vocación no es un “llamado” desde afuera.
No nace si no que se hace.
Se construye en un determinado contexto histórico, oportunidades familiares y la disposición personal.
Esta construcción, el adolescente la va llevando a cabo en un período de su vida pleno de cambios, en el que está creciendo.
Progresivamente va entrando desde la niñez hacia el mundo y roles adultos. El rol de dependencia e idealización de sus padres entra en crisis, y debe enfrentar problemas y responsabilidades en un encuentro con la realidad misma, que no tiene respuestas claras sino inciertas.
Y las soluciones a estos problemas, deben elaborarlas ellos mismos.
Dejan de comportarse de acuerdo a lo esperado para intentar ser ellos mismos y no quieren ser como los otros.
Pero también necesitan conocer mejor la realidad y lograr una capacidad de crítica.
Quieren ser tratados como iguales para afirmar su personalidad, y frecuentemente se sienten omnipotentes, son inflexibles con sus opiniones e intolerantes con las de los demás.
Pero, poco a poco, por la maduración misma, podrá ir aceptando estas diferencias.
Irá abandonando el egocentrismo (que lo podría hacer elegir varias carreras al mismo tiempo, por ejemplo).
Su identidad personal la irá construyendo en forma funcional, pudiendo dar paso a la expresión de sentimientos tiernos, de cooperación, porque la experiencia de la correspondencia afectiva de sus pares, la sociedad y su grupo primario le produce bienestar.
En este contexto, puede ir preparando su elección vocacional. Las relaciones sociales son muy importantes para la elección de la vocación. Pueden desarrollar a través de ella, su preocupación por la realidad mundial, la realidad nacional y su posición en ellas.
Además, a través de la experiencia, ya han ejercitado la creatividad y han tomado contacto con actividades que tienen valor para ellos, y también saben que hay actividades que no realizarían. De ahí nace la elección.

domingo, 18 de abril de 2010

EL JUGAR DE LOS ADOLESCENTES


En los adolescentes los juguetes son asuntos mundiales. Juegan con la política mundial y se posesionan. Juegan a ser padres o madres en el sentido de mantener relaciones sexuales.
Realizan construcciones imaginativas en las que se convierten en artistas, músicos, filósofos. Juegan a juegos reglados, volviéndose profesionales, o compitiendo por campeonatos mundiales.
Juegan a la guerra, haciendo cosas que pueden envolverlos en verdaderos riesgos (dado que los adolescentes son actuadores).
En los adultos, el juego se manifiesta en la elección de palabras, inflexiones de la voz y el sentido del humor.

NIÑOS: ¿PARA QUÉ SIRVE EL JUEGO?


A través del juego, los niños transforman los objetos, los hechos de la realidad y la fantasía.
El juego permite crecimiento físico, emocional, intelectual y social.
Y es, con frecuencia, placentero.
Permite descargar ansiedades y tensión, y reducir eventos atemorizantes o traumáticos, en los que pudo haber sentido inconscientemente en peligro de destrucción de su cuerpo o rotura de lazos importantes como proyección de sus propios sentimientos hostiles.
Capacita al niño para expresar sentimientos ocultos, generalmente hostiles, sin llevarlo al plano de la realidad, lo cual los tranquiliza.
A partir de la actividad de jugar, la persona puede ser creativa.
Instala la simbolización. Por ejemplo: ausencia-presencia; mío-tuyo; el adentro-el afuera. Esto lo prepara para la difícil tarea real de compartir sus deseos y resignarse a compartir los deseos de los demás, aprender a convivir con ellos, tratando de no dejarse invadir plenamente por los otros. He aquí la función social del juego.
Así, en sus juegos, los niños despliegan escenas en las que hay personajes “malos” con diferentes grados de poderes para “matar” o “atacar” a los “buenos”.
Escenas en que mueren los personajes y luego resucitan, por algún poder oculto en función de reparar un vínculo entre “buenos y malos”
La función más importante del juego es la de poder elaborar los eventos traumáticos que impactan al aparato psíquico, sentidos por el niño en forma excesiva.